Viernes, agosto 31st, 2007

Visiones desde la periferia…

Hace algún par de años fuimos testigos de como la reunión de la APEC se realizaba en un caluroso y primaveral Santiago. Durante casi una semana todos los medios de comunicación se agolparon por informar de cómo Chile se convertía “en un ejemplo” de economía sustentable, liberal y democrática.

Nuestro pequeño y aislado país se convertía entonces como pocas veces y para la mayoría de la gente, en un símbolo de orgullo, aunque muchos de ellos no sabían que significaban las siglas APEC ni mucho menos cuales son las intenciones de los acuerdos y tratados amparadas en ella.

Vimos también con sorpresa como a nuestro país llegaban más de dos decenas de los llamados “líderes” de las economías asociadas al bloque Asia-Pacífico y como se realizaban lujosas recepciones y reuniones en una drásticamente controlada y militarizada ciudad. Claro, nadie se podría arriesgar a que pasara algo en Chile empañando esa “buena percepción” que tenemos hacia el mundo.

A esta altura cualquier noticia sobre algún posible tratado de libre comercio es casi automáticamente asociado como un logro, por ello acuerdos con Estados Unidos o Japón eran la concretización de un sueño.

Hace un tiempo atrás también, se mostraba un estudio de cómo nuestros niños veían a Chile por sobre a los demás países de la región; compararse a Perú, Bolivia e incluso Argentina era para ellos era imposible. ¿Qué ha llevado a esa percepción en nuestra juventud?, ¿Es realmente un reflejo de un eficiente manejo político y económico o simplemente un sueño estratégicamente planteado?

En los últimos diez años, la economía de nuestro país se ha visto claramente influenciada por políticas que lo han buscado situar en la llamada “economía mundo” conducentes a acercarnos más (al parecer, poco importa la forma) a los que se han constituido como los polos de desarrollo en la actualidad: Estados Unidos, la unión europea, y el bloque asiático.

La premisa transversal de todas estas políticas descansa en la idea del “libre comercio” amparada en la libre competencia, la cual se supone que aumenta la productividad y con ello los empleos, el acceso a más y mejores productos, y precios más bajos debido a las bajas de arancel. Para ello los productores tienen que maximizar sus tecnologías con el fin de competir con sus productos en el mercado mundial, los primeros que lo hagan son los que tendrán así el mayor beneficio en desmedro de los pequeños productores o los que no están interesados en entrar en dicha competencia que quedarán, de una u otra forma, relegados del sistema.

Lo que nos debemos preguntar es si estas políticas en las cuales Chile ha encausado sus esfuerzos durante las últimas décadas es un camino correcto para un país de nuestras características, o representan de una forma menos evidente una relación dependencia a estos grandes países desarrollados bajo el manto enceguecedor de la globalización. Esta estrategia que lleva Chile, se podrá percibir exitosa en estos momentos, pero ¿Es sustentable en el tiempo?, ¿Da cuenta de una perspectiva de desarrollo donde no sólo se considere el aspecto económico, sino también el aspecto social y cultural como país?

Chile durante las dos últimas décadas eligió un sistema particular de desarrollo al amparado de la economía neoliberal. Mientras países de la región buscaban alternativas al desarrollo acelerando procesos de industrialización, Chile pensó que lo más viable era abrirse al mercado completamente, una apertura hacia los capitales externos, a la inversión extranjera y como podíamos establecer alianzas estratégicas para fortalecer este sistema. Lo que comenzó con la privatización de una serie de empresas a comienzos de los noventa, provocando la reducción del estado como agente controlador de la economía, ha dado paso a los últimos años a una serie de tratados de libre comercio con otros países.

Mi crítica radica en que aunque Chile haya adoptado una economía neoliberal, sigue perteneciendo y comunicándose con los países desarrollados bajo la clásica noción de centro-periferia lo que nos hace dependientes y no sería sostenible en el tiempo.

Sólo detengámonos un momento para ver cuales son las características de los tratados de libre comercio firmados actualmente con países como Corea, Estados Unidos o la Unión Europea. Dentro de una primera revisión podemos darnos cuenta de cómo los productos que se tranzan en estos tratados de libre comercio tienen diferencias sustanciales. Mientras los llamados “países desarrollados” exportan a nuestro país casi en su totalidad productos elaborados como vehículos, maquinaría y electrónica, Chile destaca por la exportación de materias primas como derivados del cobre y productos alimenticios como harina de pescado y frutos de la actividad agrícola.

De cierta forma podemos concluir que nuestro país en relación con estos países mantiene un cierto grado de dependencia, ya que parte de las herramientas necesarias para nuestro proceso productivo como son los vehículos, las maquinarias de extracción y de comunicación celular son manejadas por ellos. Quien maneja las herramientas y/o modos de producción dentro de una relación económica será quien obtenga los mayores beneficios de dicha relación.

De esta forma y debido a las condiciones de Chile nos vemos incapacitados tecnológicamente para poder, por ejemplo, importar cobre ya manufacturado lo cual dejaría mayor cantidad de ganancias, sino que dependemos de países externos para procesarlos, los cuales, en muchas ocasiones como históricamente se ha visto han pagado cifras muy por menores a los precios que se manejan en otras partes del mundo. Finalmente, y de forma casi irónica recibimos dichos productos manufacturados con el valor agregado respectivo. En otras palabras esta dependencia se traduce en una pérdida económica para nuestro país que solamente hace aumentar la brecha entre ambos países.

Wallerstein bajo su concepto de concepto de “economía mundo” nos aclara que la finalidad del sistema capitalista es la ganancia, es decir acumulación permanente de capital. Para que esto sea posible distingue entre las economías centrales y las economías periféricas que se mantendrían en una especie de simbiosis económica en las cuales las primeras necesitan de las segundas para mantener su hegemonía. Mientras existen países o zonas con la capacidad de apropiación de valor y de trabajo no remunerado nivel planetario, hay también una periferia, donde se realiza la expropiación del valor, y particularmente Chile, aún está en ella.

Los países desarrollados en esta lógica compiten estratégicamente con los polos de desarrollo como Japón o Estados Unidos lo cual conlleva a que esta economía tenga una producción tecnológica.

Las economías periféricas, a las cuales se puede incluir a Chile, y de paso en mayor o menos medida al resto de Latinoamérica, están al margen de esa competencia, el proceso se ve reflejado en una mayor cantidad de mano de obra para la extracción y producción de materias primas que serán importadas a dichos países.

Braudel alguna vez definió la “economía mundo” como una centro económico determinado que depende de un intercambio desigual y la explotación de economías periféricas para mantener su hegemonía. Históricamente dichos centros eran representados por ciudades, pero en la actualidad nos serviría la analogía para decir que dichos centros pueden ser considerados hoy en día países o bloques como son actualmente el Asiático, Estados Unidos y la Unión Europea.

Bajo esta condición, los países desarrollados, como centros económicos buscan hacerse de economías periféricas como Chile para anexar nuevos territorios y así poder expandir su economía mediante la acumulación de capital. De esta forma podemos considerar la mayoría de los tratados de libre comercio que ha formado Chile se perfilan como acuerdos estratégicos en el cual comparativamente nos presentamos en desigualdad de condiciones.

Dentro de este contexto sería importante vislumbrar alguna alternativa para poder buscar un desarrollo del país que involucre tanto los aspectos económicos como sociales y que además no nos haga dependientes de otros países que sólo velan por sus intereses particulares, y más que buscar un ejercicio de “cooperación mutua” nos llevan cada vez más a volver a esa imagen colonial de potencias mundiales y colonias en países lejanos.

Debemos considerar por ejemplo las nuevas propuestas para la integración en América Latina. Nuestra parte del continente es rica en recursos naturales, mantenemos una historia y una cultura común, a su vez, también presentamos en diferente medida los mismos problemas en cada uno de nuestros países. Bajo estas condiciones ¿Sería viable un proceso de integración a nivel local? Al parecer, si.

Integrarnos como países latinoamericanos, sería no sólo reconocer nuestro origen común, y dar cuenta en conjunto de nuestros problemas, sería asociarnos para poder “rescatar” lo mejor de cada uno y avanzar en paralelo con esa visión de de desarrollo occidental, que como vemos no es del todo aplicable en estas latitudes.

Sería un paso más, para establecernos como un bloque estratégico donde se persiga no sólo una integración económica, sino también una integración cultural y social, dando cuenta de nuestra diversidad, luchando para la superación de la pobreza, y valorando la importancia de la justicia social.

Por eso propuestas como la del Presidente Evo Morales deberían ser consideradas y no sólo valoradas como discursos de origen político y ser tachados de populistas. También la instancia de poder crear un Banco del Sur para superar la dependencia de los sistemas clásicos de financiamientos internacionales sería sumamente beneficiosa.

Integrarnos como países latinoamericanos, exige también un gran desafío. Es reconocernos dentro de nuestras particularidades, nuestras culturas, respetarnos y dialogar. Es terminar también con esas odiosidades que comúnmente nos caracterizan, ese afán por considerarnos superior al resto, ese sin razón desprecio amparado en un oxidado y mal enfocado nacionalismo. Si no arreglamos las diferencias internas, la viabilidad de una integración regional desaparece. No debemos convertirnos en enemigos de nosotros mismos, reconocer que muchas veces en el negociar, también se debe ceder, en busca del bien común.

Chile en ese sentido, debería replantear sus lineamientos económicos y participar de esta integración latinoamericana, pero no sólo a nivel de discurso político, sino en base a acciones y propuestas.

Referencias:

• Braudel, Fernand. La Dinámica del Capitalismo. México, 1986.

• Comunidad Andina. Declaración de Cochabamba. Colocando la Piedra Fundamental para una Unión Sudamericana.

• Comunidad Andina. Cumbre de Cochabamba. Llamamiento y Propuestas desde la visión de los Pueblos Indígenas y Naciones Originarias.

• Comunidad Andina. Construyamos nuestros pueblos una verdadera Comunidad Sudamericana de Naciones para vivir bien.

• Osorio, Jaime. Una cartografía para redescubrir América Latina. Revista Oikos Año 8 Nº 18. Santiago de Chile, 2004.

• Wallerstein, Immanuel. “El Capitalismo Histórico”. México, 1989.

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3 Comentarios para “Visiones desde la periferia…”

  1. enero 9th, 2008 at 5:16 PM

    Norberto Pavez J. said:

    “Una Colonia es una nación que vende materias primas y compra bienes manufacturados” W.E. Deming (1900-1933).
    Esta frase corresponde al hombre que enseñó a los japoneses a producir con Calidad. Su filosofía era muy simple: la mejor calidad de los procesos reduce las pérdidas, permite bajar los costos y se puede llegar al mercado con precios más competitivos, esto mejoran las ventas y como consecuencia, hay que aumentar la producción. Para lograrlo, la empresa debe crecer y contratar a más personas.
    Manufactura – Mejora la Calidad – Contrata Personal. Continúa Mejorando.
    Después de esto, con una población trabajando, con sistema educacionales (de buena calidad) y servicios de salud que sirvan a las personas, se puede ser todo lo neoliberal que deseen.

  2. enero 12th, 2008 at 11:32 PM

    jordana said:

    que grato encontrar tu sitio, daniel realmente te felicito me di el tiempo de leerlo y relamente me siento muy contenta y orgullosa de ti felicitaciones y nos vemos compañero

  3. septiembre 19th, 2010 at 3:28 AM

    vianey carvajal said:

    Gracias Daniel muy buena info… saludos desde Mexico



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