Viernes, agosto 31st, 2007

¿Un encuentro entre dos mundos?

Cada cultura es única en su conformación, es nuestro medio en cuanto individuos sociales nos comunicamos con el mundo y nos apropiamos de él. Así cada cultura en la práctica le entrega diferentes significados y atribuciones a los fenómenos y a las cosas según sus propias necesidades. Para esta instancia y con el pretexto del tema que se tratará en las próximas líneas la noción de Edward Tylor parece ser la más útil en nuestro análisis. Tylor definió cultura como un “todo complejo” que comprende el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho las costumbres y las otras capacidades o hábitos adquiridos por el hombre en tanto miembro de la sociedad.

La cultura así de un pueblo o región es todo un mundo en sí mismo. Imaginemos la problemática que tuvo que ocurrir a la llegada de los españoles a la en aquel tiempo recién descubierta América. Si para nosotros, hispanohablantes insertos en un mundo cada vez más globalizado y homogenizador encontramos ajenas y extrañas las costumbres de otros países por televisión, tratemos de reproducir la escena que pudieron vivir aquellos indígenas y europeos hace poco más de 500 años. En un primer momento la idea parece perturbadora y a la vez incierta.

En el presente ensayo nos centraremos a como se pudo dar tal evento en la práctica en los primeros años de convivencia. Nuestro análisis, así como la inspiración de los textos que fueron consultados se basó principalmente en la documentación escrita y oral que de una u otra forma han llegado a nuestros días presentando visiones, a veces disímiles, entre los conquistadores y los conquistados. Para ello y en relación con lo anterior también se hará un pequeño recorrido de cómo se llevó a cabo el proceso de creación de una historia particular a través de los cronistas y como fue cambiando en el tiempo a medida que pasaban los años y las necesidades eran diferentes, para eso se utilizará el texto de Pease.

Cuando se habla comúnmente del “descubrimiento de América” se hace referencia a la noción de “un encuentro entre dos mundos”, dicha frase ampliamente difundida y aceptada da cuenta en parte de lo que pudo significar en aquella época tal encuentro, tomando que las dos culturas en juego, la indígena y la europea eran tan diferentes entre sí que podían conformarse como dos mundos independientes. Sin embargo, la frase no refleja en sí el proceso ni las características de legitimación de este encuentro, que más que un acercamiento en igualdad de condiciones fue un intento claro de dominación sin mediar ni escatimar recursos o repercusiones.

En el texto de Martínez “Rituales Fallidos, Gestos Vacíos: Un desencuentro entre Españoles y Andinos en 1532” parece ilustrar de buena forma lo planteado anteriormente. Tanto los andinos como los españoles, poseían sus propias pautas culturas para clasificar y enfrentarse con el mundo, dichas concepciones arraigadas, componente de costumbres, ritos y tradiciones específicas fueron la causa de que los intentos de contacto hayan sido fallidos en el sentido de que no existió una verdadera “comunicación” de por medio, sino ciegos intentos de acercamientos sesgados por la visión de cada uno, especialmente en el caso español.

Debemos tener en cuenta además que por su parte los españoles tenían una intención soslayada que correspondía a la empresa de conquista y que por lo mismo se disponían de forma defensiva y dudosa frente a las actitudes de la gente andina. No sabían por su parte que todos estos gestos del dar y recibir era el principio político andino que todo buen “político” debía manejar, no comprendían que la aceptación de los dichos dones llevaba al compromiso de devolver con un favor o trabajo, es decir involucraba aceptar un compromiso.

La reciprocidad para la sociedad andina era fundamental y formaba parte medular de su sistema político y ritual, sin embargo para los españoles los presentes eran asimilados como actos de buena voluntad de los indígenas. Un hecho dramático que viene a ilustrar la discusión aparece en el mismo texto de Martínez. En una oportunidad se les enviaron a los españoles dos fuentes talladas para beber y unas cargas de patos secos desollados. Para los inkas correspondían a recipientes para bebidas rituales, dado a que la misma reciprocidad exigía beber de dos y los patos secos servían para poder adornarse, cuestión propia de un kuraca: “Se trataba de un mensaje bastante claro: Pizarro era considerado un kuraca, y los presentes apelaban a esa condición política”(1). Mediante un simbólico acto de buscar alguna connotación aparente a tan peculiar regalo, los españoles llegaron a la conclusión a que las fuentes, semejantes en forma a los fuertes de Atawallpa era un clara advertencia de los fuertes que ellos poseían y que estaban listos para recibirlos, los patos desollados serían bajo este contexto la suerte que correrían todos. Los “gestos vacíos” para Martínez viene a ilustrar como los significados se trastocan a la vez que las intenciones iniciales se frustran.

En el texto de Gruzinski se muestra como a través de la “Pintura y La Escritura”, la forma de transmisión gráfica de los indígenas del valle de México y los españoles respectivamente ocurre el proceso de colonización en la zona mesoamericana.

En contacto que ocurre en el valle de México en el siglo XVI influyó directamente en las construcciones de mundo de ambas partes que posteriormente fueron reflejadas en los soportes y lógicas disponibles para transmitir dichas cosmovisiones. Según Gruzinski más que una preponderancia homogenizadora de una perspectiva sobre otra, lo que ocurrió fue una yuxtaposición de ambas perspectivas. Es decir hubo un proceso de resignificación, el cual llevó a un punto en la cual ambas posturas tuvieron que ceder de su postura original combinándose y dando a la luz una tercera alternativa, una creación creativa representada en este texto en la oralidad y pictografía mesoamericana y la escritura practicada por los hispanos.

Debemos tener en cuenta que en el valle de México la cultura se basaba principalmente en la oralidad. El manejo del cultivo de la tradición oral, su codificación y transmisión estaba a cargo de una elite en aquella sociedad. Por otra parte la pintura para los mesoamericanos era la articulación de pictogramas e ideogramas los cuales reflejaban una relación con el mundo superior y un orden visible que vinculaba estrechamente la experiencia humana y el mundo de los dioses.

Los evangelizadores, que como veremos más adelante cumplieron un papel primordial dentro del contacto decidieron hacerse cargo de la formación de los hijos de la nobleza junto con una persecución de lo cristiano que obligo a los señores indígenas a una readaptación de las prácticas ancestrales. Se decidieron de cierta forma a aceptar el cristianismo y la dominación, pero optaron en un modo más sutil por la adaptación, conservaron los vestigios de sus orígenes, las pinturas de historias y las genealogías que legitimaban su poder. Así comienza una yuxtaposición de ambas perspectivas y con ello la “coexistencia” de dos maneras de ver el mundo.

Sin embargo no se tardó con la imposición de la escritura una visión de clandestinidad hacia lo oral, amparada de cierta forma a lo que podríamos catalogar de una persecución cultural. La paulatina adopción de la escritura también fue en detrimento de la compleja visión de lo que significaba un ideograma, en cuanto son tanto contenedores de textos como pinturas, es decir poseen tanto un componente conceptual y uno de percepción. En cambio la escritura es plana, no contiene en ella otro sentido expresivo asociado y hace perder la polifonía y riqueza que contenían estos otros tipos de expresiones como las pinturas.

Hasta ahora nos hemos referido casi exclusivamente a como se fue dando este proceso de hibridación entre ambas culturas (indígena y europea) en el contexto de la colonización, es el momento en que podamos relacionarlo más efectivamente como un proceso que lleva a la creación de una historia particular a través de la apropiación colectiva de elementos mediante la resignificación y remitificación de elementos.

Podemos observar en el texto de Pease como se fue dando la creación de esta nueva historia por parte de los españoles. Aunque claramente se debe tener en cuenta que las descripciones realizadas por dichos europeos tienen un carácter marcadamente funcional a la idea de colonización, le debemos algunas de las primeras descripciones que se hacen de la época del contacto, en este caso particular de la zona de andinoamérica. Primero fueron cartas y relaciones breves en los primeros años, alrededor del 1530, producto de los acompañantes de Pizarro. Aunque los contactos entre españoles y andinos fueron “oscuros y difíciles” los primeros cronistas hispanos debido a la limitada capacidad de los traductores creían que habían establecido una comunicación fluida.

No es hasta la década de 1540 cuando comienzan a realizarse aproximaciones serias a los incas, su cultura y su experiencia andina. En 1550 con la publicación Crónica del Perú podemos percibir a manos de Pedro Cieza de León una detallada visión de la historia incaica con datos que recogió principalmente en el Cuzco, además fue uno de los primeros que se benefició con contactos con autores que hablaban quechua como Juan Diez de Betanzos.

Sin embargo son los religiosos que habían sido enviados a América a evangelizar los que al final lograron más cercanía con los indígenas y son los responsables de publicar los estudios y manuscritos más famosos y detallados. Aunque los religiosos claramente buscaban conocer al “otro indígena” con el fin último de su evangelización y conversión al cristianismo fueron los que en los momentos más duros del proceso tuvieron la necesidad de publicar manuscritos que mostraban las atrocidades que habían sido cometidos en el proceso de colonización española. Entre ellos podemos mencionar al Fray Bartolomé de Las Casas o al jesuita Acosta.

Bernardino de Sahagún es otro caso de crónicas asociadas a textos con fines eclesiásticos. Sahagún elabora un documento que da cuenta de la historia de la conquista desde el punto de vista de los Mexicas haciendo también una descripción de las fiestas, ceremonias, sacrificios y solemnidades que practicaban. A partir de su relato, podemos decir que los documentos de la conquista son de carácter polifónico ya que su base es una hibridación que se pueden ver tanto es las profecías como en las fiestas que el relata, que de una u otra forma abarcan al mundo hispano.

Un interesante caso de esta mixtura entre lo indígena y lo español lo constituyen los textos escritos en Náhuatl, muestra de los primeros textos alfabéticos escritos por los propios indígenas. Para Baudot fue “la expresión que debió haber utilizado el indio vencido durante la conquista misma, para combatir, para deliberar y para insultar o maldecir al conquistador”(2).

Como podemos observar, la noción de un “encuentro entre dos mundos” puede quedar bajo sospecha, no en el sentido de que fue un contacto cultural sumamente relevante entre dos visiones de mundo diferentes, sino que el sentido de encuentro implica una igualdad de condiciones en el momento del contacto, punto que como sabemos no fue así.

Citas:

(1): Martínez, José Luis. “Rituales fallidos, gestos vacíos: un desencuentro entre españoles y andinos en 1532. Mundo Precolombino 1. Santiago: Museo de Arte Precolombino, 1994. Página 32.

(2): Baudot, Georges. Relatos aztecas de la conquista. Colección Los Noventa. México: Grijalbo, 1990. Página 15.

Bibliografía:

• Baudot, Georges. Relatos aztecas de la conquista. Colección Los Noventa. México: Grijalbo, 1990.

• Gruzinski, Serge. “ La Pintura y la Escritura”. En La colonización de lo imaginario. Sociedades indígenas y occidentalización en el México español. Siglos XVI-XVIII. México: Fondo de Cultura Económica, 1991.

• León Portilla, Miguel. “Las profecías del encuentro. Una apropiación mesoamericana del otro”. En M. Gutierrez, León Portilla, M ; G. Gossen y J. Klor de Alva Eds. De palabra y obra en el nuevo mundo. Vol. 2. Madrid: Siglo XXI eds., 1992.

• Martínez, José Luis. “Rituales fallidos, gestos vacíos: un desencuentro entre españoles y andinos en 1532. Mundo Precolombino 1. Santiago: Museo de Arte Precolombino, 1994.

• Martínez, José Luis. “Voces, discursos e identidades coloniales en los Andes del siglo XVI”. En Martínez, José Luis (ed.) Los Discursos sobre los otros. Santiago: LOM, 2000.

• Pease G. Y., Franklin. “Crónica de la elaboración de una historia”. Las crónicas y los Andes. México: Fondo de Cultura Económica, 1995.

• Sahagún, fray Bernardino de. Historia General de las cosas de Nueva España. México: Ed. Porrúa, 1990 [1560].

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2 Comentarios para “¿Un encuentro entre dos mundos?”

  1. abril 20th, 2010 at 9:53 AM

    Lucio said:

    alguien tiene el texto “RITUALES FALLIDOS, GESTOS VACIOS: ENCUENTRO ENTRE DOS MUNDOS” ? ME LO PODRIAN MANDAR AL CORREO?

    LCUMINI@HOTMAIL.COM

    GRACIAS!!!

  2. agosto 17th, 2014 at 10:03 PM

    jessica m said:

    muy bueno las citas



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